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Milenarios indicios de inmersiones


La prueba de que el hombre se sumergía la tenemos en antiquísimos restos arqueológicos

Restos arqueológicos de distintas culturas asiáticas y mediterráneas de joyas elaboradas con perlas, coral, conchas y nácar, atestiguan las primeras incursiones del hombre bajo el mar, por ejemplo 3200 años a. de C. se utilizaban en Tebas (Egipto) grandes cantidades de conchas de madreperla por los artesanos talladores.

Aguantando la respiración y descendiendo agarrados a grandes piedras que abandonaban para ascender, los primeros buceadores recolectaban diversos objetos que posteriormente comercializaban.

La isla de Creta

La isla de Creta y en concreto las poblaciones de Kuphonisis y Palaikastra, fueron importantes centros comerciales de los productos que los buceadores extraían del mar, como el caracol (murex trunculus) y otras especies que se utilizaron para teñir con su pulpa de color púrpura las ropas de los reyes de la antigüedad.

También existe una representación de una escena de recolección submarina, en el año 4500 a. de C. realizada con incrustaciones de nácar en los muros de la antigua ciudad de Bismaya, o textos del 2250 a. de C. que hablan de la utilización de perlas como pago de tributos a un emperador chino.

Estos restos y las referencias literarias de distintos clásicos griegos como Aristóteles, Herodoto o Plutarco, sitúan estas primeras inmersiones entre el año 5000 y el 4500 a. de C.
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Los primeros datos probados

La primera ilustración de una inmersión data del año 880 a. de C. y consiste en un bajorrelieve en madera (actualmente en el Museo Británico de Londres), encontrado en el palacio del rey persa Assurbanibal II, que muestra al monarca sumergido atravesando un río, respirando con ayuda de un odre (recipiente hecho con la piel de un carnero y lleno de aire), al frente de un grupo de soldados. Algunas interpretaciones de esta ilustración manifiestan que el odre pudo utilizarse como flotador y no como fuente de aire.

También se encontró otro bajorrelieve que muestra una escena donde un grupo de fenicios huye por el río Tigris, cuna de las civilizaciones mediterráneas, de los arqueros asirios con la misma técnica de buceo.